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Es lo que toca

Atención, aviso a la población. Esta noche, como ya sabíamos, se celebra en nuestro país otra de esas festividades que divide a todo hijo de vecino entre los que tienen plan y los que no. Y es que esta noche, para el que aún  no se haya enterado, celebramos fin de año.

Sólo hay un precepto que guardar. Y es el de divertirse. Esta noche, te diviertes, y no se hable más. Tu obligación es salir de tu casa, te guste o no, llegar a algún sitio, te apetezca o no, rodearte de gente, la conozcas o no, gastarte una pasta, la tengas o no, y sobre todo mostrar al mundo lo mucho que disfrutas haciendo todo eso.
Ojo, que esto no va de divertirse otro día cualquiera. Si ya lo has hecho,enhorabuena, pero eso no puntúa. Eso es como irse de vacaciones en octubre, cuando ya has tenido que aguantar las vacaciones de todo el mundo. No vale, no estás en la estadística. Lo suyo es decir lo mucho que te divertiste la fecha que tocaba. Y esta noche, te pongas como te pongas, toca.

El resto de reglas son bien sencillitas. Que nadie se pierda.
Si se acerca el momento y aún no tienes plan, no es porque estés colgado, eso daría mala imagen, en realidad es porque todavía sospesas las múltiples opciones que tienes sobre la mesa.
Si no compras cotillón, no es porque no te guste, sino porque casi te quedas ciego el año pasado con el matasuegras, hay que ver qué risas.
No vas a cenar a casa de unos amigos, acudes a una fiesta particular.
Y si en algún momento de la noche no hablas con nadie, no es que estés solo, es porque estás esperando a alguien. O haciendo cola para el baño, que eso es siempre bien socorrido.
Si no ligas, es porque vas tan borracho/a que ni te enteras. Y si lo intentas pero no hay manera, es porque los borrachos son los demás.
Al final, en caso de vacío social repentino, tú no te preocupes que por veinte o treinta eurillos seguro que encuentras una macrofiesta con macrobono de macrocopas para que conozcas la macropersona de tu vida mientras te revienta la macromúsica que sale de los macrobaffles situados alrededor de la macropista de macrobaile y tengas otra macronoche de esas que eres incapaz de recordar por la macrocantidad de alcohol que llegaste a macrometerte.

Yo, por mi parte, el día 1 tengo que estudiar. Que estoy de exámenes.
Será que soy de las que no se divierte cuando toca.
O será que no me gusta que me digan cuando toca.

Lo poco que sé

Lo poco que sé de la vida está en los librosque nunca leo.
Lo poco que sé de la vida está en las líneas que no escribí.
Lo poco que sé de la vida se cuenta tomando un café, se entiende tomando una copa y se olvida tomando dos.
Que nadie se me emocione ni albergue falsas esperanzas, porque con lo poco que sé de la vida, a duras penas se llena un corazón, por pequeño que sea.

Empiezo por lo que sé con toda seguridad.
Sé que, con suerte, te vas a morir una vez. Así que procura no morirte más veces por el camino.
No hay nada peor que esa gente que se va muriendo antes de morirse del todo. Para evitarlo, te regalo un método infalible. Mientras tu vayas decidiendo, todo está bien. El día que dejes de decidir, ese día, cuidado, porque la habrás palmado un poco. Ten siempre más proyectos que recuerdos, es la unica forma que conozco de mantenerse joven. Olvídate de la patraña esa de ser feliz, ya te puedes dar con un canto en los dientes si llegas a ser el único dueño de tus propias expectativas. Que un euro se ahorra y una ilusión se pierde. Para siempre. Que hay que dedicarse a algo de lo que jamás te quieras jubilar. Por mucho que te cueste pagar las facturas. Por mucho que en las reuniones de antiguos alumnos te miren mal. Es mejor dedicarse toda una vida a algo que te divierte pese a no llegar a fin de mes, que pasarte un solo día trabajando únicamente por dinero.

Entre lo poco que sé de la vida, también te diré que nada de todo esto vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente. Ni flores, ni velas, ni luz de luna. Ése es el verdadero romanticismo. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca, tus yo qué va.
Ojalá ames mucho y muy bueno, incluso a riesgo de ser correspondido. Que te despojen de todo, que hagan jirones de tus ganas y que te veas obligado a remendarlas con el hilo de cualquier otra ilusión. Que desees y seas deseado, que se frustren  todas tus esperanzas y que acabes descubriendo que la única forma de recobrar el primer amor, que es el propio, es en brazos ajenos.

Dos  emociones inútiles asociadas al pasado, arrepentimiento y culpa, y una emoción inútil asociada al futuro, la preocupación. Cuanto antes te desprendas de las tres, antes empezarás a apreciar lo único que tienes.

Qué más, Ah si. Sé que al menos un amigo te va a traicionar, otro será traicionado por tí, y que te pongas como te pongas, aquellos amigos que no hayas hecho antes de los treinta, ya jamás psarán de buenos conocidos.
Cuenta sólo con los tres principales, porque a partir de ahí, todo es mentira.
Para terminar, y hablando del tema, déjame que te presente a tu mejor enemigo. Se llama miedo. Quédate con su cara, porque va a estar jodiéndote de ahora en adelante.
Miedo al fracaso. Míedo al qué dirán. Miedo a perder lo que tienes. Miedo a conseguirlo. Miedo a saber poco de la vida. Miedo a tener razón.

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Por muchas noches en blanco que una dedique a pensar en su biografía sentimental, la verdad es que encontrará pocas soluciones. Podrá parchear tal o cual relación pero al final volverá a pasar lo de siempre: que en un momento dado saltará en pedazos como tantas otras veces, porque uno es como es y no es fácil dejar de serlo para querer a alguien. Es casi un combate perdido de antemano. Así que, lo mejor que nos podría pasar es que las relaciones sentimentales viniesen con fecha de caducidad, como los yogures, así sabríamos de ante mano cual es la fecha del final y no perderíamos el tiempo en inseguridades, sospechas ni discusiones, nos dedicaríamos a disfrutar cada momento hasta la ultima décima de segundo.
Aunque claro, si lo piensas bien… lo bueno de no tener fecha de caducidad, es que nos permite creer que tal vez éste yogur sí pueda conservarse durante más tiempo.
De todos modos (con yogur o sin él), creo que hay una serie de cosas que uno no puede hacer solo, discutir, subirse y sujetar una escalera a la vez, o doblar una sábana de esas de cama de matrimonio.  Y supongo que debe ser bonito eso de vivir en pareja, por muy extraña que sea la pareja. De echo, hay parejas que acaban convirtiéndose en tríos; parejas que se van quedando sin pareja y que no se puede evitar el miedo a no estar a la altura; hay parejas que son imposibles por definición, por historia y por física, aunque no por química; o parejas en las que la química se ha ido gastando aunque sigan compartiendo una familia, familias donde en algún momento hubo una pareja; parejas que fueron en algún momento y ya no son nada.
Y eso es lo que más miedo da en la vida. Cuando la pareja se rompe, sea por lo que sea, la primera sensación que se tiene es de pánico, miedo al cambio, a la pérdida de control sobre nuestras vidas, un miedo a estar solo. Pero cuando se llega a esa soledad, uno se da cuenta de que la ruptura puede llevarnos a un lugar mejor. Hoy es el primer día del resto de mi vida, porque desde hoy creo que lo más importante en esta vida es saber volar solo.

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Ahí queda eso

La ventaja o el inconveniente de no entenderme ni yo, es que tampoco espero que lo hagan los demás.

Si todo acabase me quedarían mis recuerdos, mis recuerdos y yo; todo lo que fui. Sólo eso  y nada más. Por eso hay que procurar que cada momento sea Bonito, así, aunque sea en la más cursi de las acepciones de esta palabra. Intenso, Bonito y Útil. A veces creo que la utilidad de las experiencias  se mide en función de las cicatrices que dejan en nosotros. Y esas cicatrices, simplificando, son los recuerdos. A mí me gustaría que cuando eche la vista atrás, el camino esté lleno de recuerdos, de huellas, de experiencias que me hayan ido formando, buenas y no tanto, de olores, imágenes, personas, momentos, frases…

Tal vez me guste ver el mundo a través de un cristal de pretenciosidad poética, intentando sacar belleza de cualquier bobada cotidiana, intentando desenredar posibles historias, poemas, canciones… algo que devolverle al mundo, de todo lo que de él extraigo.  Pero aunque lo intente, muchos días transcurren como lastres de minutos que se me anudan al cuello, y se me olvidan la lente poética y la ilusión más cursi, las ganas de crear y vivir, de compartir y aprender, y al final se me olvida nadar y me hundo en el más soporífero aburrimiento, sin sentido alguno. Por eso veo tantas películas ahora, tal vez para llenar con otras vidas lo que no encuentro en la mía, de momento. No sé. Porque vivo en un “Stand by” veraniego bastante extraño. Y, lo peor, porque me da la gana.

La mayoria de la gente cambia lentamente, son quienes son y al cabo de un tiempo son otra persona. Algunos, en cambio, saben el momento exacto en el que cambia su vida; como por ejemplo, cuando ven la persona con la que compartirán el resto de sus días o la mirada de su bebé la primera vez que sonrie…
Pero otras personas, sin embargo, no cambian por las cosas buenas de la vida, cambian por algo que han vivido y hace que todo lo que vean a partir de ese momento, sea muy distinto a como siempre ha sido.

Y es que es genial comprobar que todavía tienes la capacidad de sorprenderte a tí mismo.

 

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He visto

He visto los símbolos del triunfo, automóviles muy lujosos, potentes y de marca estacionados en aceras, cortando el paso justo a inválidos, niños y ancianos. A jóvenes  presumir de zapatillas que Santa Televisión anuncia con frecuencia; a elegantes padres con hijos niñatos de 50 euros por fin de semana, bacalao y moto sin casco; a nena mona de papá y… “qué instituto tan cutre, no?”; a esposas y madres amantísimas que hablan y hablan de esos sus hijos, buenísimas personas, educadísimos niños, excelentes estudiantes de sus atentos esposos. He visto también, grandes hipermercados repletos de gente, perfumerías, pizzerías, tiendas de música, moda y calzado… la boutique más in he visto yo atestadas.

Pero también he visto, en directo y por televisión pública, quemar tras apalearlo a un semejante porque piensa de otra forma, porque piensa de manera diferente; mutilar a niños pequeños secuestrados para hacer la guerra entre los pueblos. A fábricas venenosas envenenar ciudades enteras. A un país rendido. Os lo juro que he visto todo esto, ante una caja cuadrada con imágenes en color. A obreros muertos sepultados en zanjas a escasos metros de lujosísimos despachos y señoritas con la dignidad bajada hasta los tobillos.

Deja que te cuente el mundo en el que vivimos.

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Abducidos

A todos nos gusta pensar que tenemos cierto control sobre nuestras vidas, y muchas veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que estamos al mando. Pero entonces pasa algo que nos recuerda que el mundo funciona con sus propias reglas, y no con las nuestras. Que sólo estamos de paso.

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En la vida no hacemos otra cosa, y nos tenemos que atrever a equivocarnos una y otra vez. Hemos de echarle valor a los tropiezos, o no avanzaremos nunca. Es mejor avanzar cojeando, y dando traspiés, que mantener un equilibrio perfecto sin movernos del sitio.

 

Ángulo Muerto

Poca gente sabe que el ojo humano tiene un ángulo muerto en su campo de visión. Hay una parte del mundo ante la que somos literalmente ciegos. El problema está en que a veces el ángulo muerto nos oculta cosas que no deberíamos ignorar. A veces los ángulos muertos nos permiten ser felices. En el caso de los ángulos muertos quizá nuestro cerebro no se equivoca, quizá esté protegiéndonos.

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